John Carlin. El País. Los agentes de la Komintern soviética en Londres mandaron un informe a Stalin sobre la huelga general británica de 1926. Se suponía que este iba a ser el hito decisivo en la históricamente inevitable victoria del proletariado en las islas. No fue así. Los huelguistas y los policías, enfrentados durante días, resolvieron sus diferencias con un partido de fútbol, que los huelguistas ganaron. Stalin, al recibir el informe, se indignó. Estos no eran revolucionarios serios. Ordenó en el acto que se suspendiera el envío de fondos al Partido Comunista británico.
El fervor patriótico y el buen humor con el que se han celebrado esta semana los sesenta años en el trono de la reina Isabel II ofrecen una explicación de por qué Reino Unido se mantuvo al margen de los enfrentamientos ideológicos, los sueños utópicos y los fanatismos varios que devoraron al continente europeo durante buena parte del siglo XX. Y, también, de por qué se seguirá resistiendo a los cantos de sirena de los extremistas en estos tiempos de incertidumbre y crisis… Sigue leyendo


