
Entrada del huerto de Calixto y Melibea
Habido goteado más tiempo del que pudiéramos atesorar en algún recodo de nuestros sueños -de este muy nuestro dulce soñar- llegamos aquí.
A este punto del universo donde comenzaría un relato. Una narrativa sin conciencia de final, si miramos los que ya significa para el recuerdo compartido.
Entre estos bancos, estos árboles, una idea decidió desafiar al destino, y con un un puñado de instantes, miradas y palabras nunca dichas, se abalanzó al futuro y se hizo deseo.
Un deseo empaquetado en pequeños indicios, en diminutas chispas de nuez, canela y ron. Rodeado de ocres, planicies e historias. Esas rapsodias de cosas fueron tejiendo ese deseo, que cada día ha hecho gala de su ambición, de su obstinada osadía…
En viento y verso, se hizo forma y materia, encriptada entre líneas, entre palabras que goteaban deliberadamente como lo hace el viento entre estas callejas. Como el sol entre los poros de estos árboles…así irían cayendo uno a uno mis anhelos en la superficie fértil de tu corazón.
Como suele ocurrir en todo huerto, como ombligo de historias, de grácil complejidad y rotunda sencillez.
Distancias, tiempo, viento y lienzos vegetales…esas son nuestras palabras. Se trata de nuestros protagonistas. Partes de un especial y caótico orden de nuevos deseos, ideas, desafíos y espinas: palabras que nos explican. Y que siguen reproduciéndose cuan tormenta fractal.
Esa amargura fragante, ese dulzor embriagante, aquí…justo aquí decidió hacerse destino y vestirse para siempre de vida.

Xavier Rodríguez Franco.
Peñaranda de Bracamonte, julio de 2011