Vincent Van Gogh en Caracas

Por Leandro Area. (06/03/2012) En recuerdo que guarda la memoria, uno de esos barberos de ocasión con que nos tropezamos en la vida, me había insinuado de pasada que comenzara a rasurarme con los ojos cerrados; que navaja y pulso realizarían trabajo preciso y eficiente sin necesidad de mirar, como un pincel en manos de un artista. Razón tendría. Y si en principio no tenía que ver una cosa con la otra, llegó a Caracas Vincent Van Gogh invitado por una de esas cofradías que creen todo posible; y mire usted que lo lograron. Embasurados por otros asuntos del diario trajinar, la noticia pasó desapercibida. Sigue leyendo

Como decíamos ayer…

La frase “…cómo decíamos ayer…”  fue utilizada por Fray Luís de León (1527- †1591) una vez retornar de su juicio inquisitorial y posterior presidio en Valladolid, a la docencia que ejercía en la Universidad de Salamanca. La razón de un encarcelamiento por casi cinco años, fue la de traducir -a una lengua “vulgar”- “el cantar de los cantares” . En dicha traducción se desvelaba ante la cultura castellana el erotismo de dicho poema, contenido en la Biblia [1]. Sigue leyendo

Séptimo día de noviembre

Me refiero en esta ocasión a un día, con la misma cantidad de segundos y minutos que los demás, pero que encierra mucho de especial para mi, por ser el séptimo. Día que recuerdo como “un día de nacimientos”, de vida, de avance, de libertad y sobretodo de celebración.

El 7 además de ser un número privilegiado por diferentes culturas durante miles de años, se le ha asignado el simbolismo de la fortuna, y con ello, todas las connotaciones que sobre el tema solemos asignarle. Pero más allá de esas circunstancias, que para algunos pudieran resultar esotéricas y cabalísticas, este día es especial también por otras razones estrechamente  vinculadas con la historia de los humanos: con lo más fértil y corpóreo que tiene lo astral. Sigue leyendo

Aquel huerto

Entrada del huerto de Calixto y Melibea

Habido goteado más tiempo del que pudiéramos atesorar en algún recodo de nuestros sueños -de este muy nuestro dulce soñar- llegamos aquí.

A este punto del universo donde comenzaría un relato. Una narrativa sin conciencia de final, si miramos los que ya significa para el recuerdo compartido.

Entre estos bancos, estos árboles, una idea decidió desafiar al destino, y con un un puñado de instantes, miradas y palabras nunca dichas, se abalanzó al futuro y se hizo deseo.

Un deseo empaquetado en pequeños indicios, en diminutas chispas de nuez, canela y ron. Rodeado de ocres, planicies e historias. Esas rapsodias de cosas fueron tejiendo ese deseo, que cada día ha hecho gala de su ambición, de su obstinada osadía…

En viento y verso, se hizo forma y materia, encriptada entre líneas, entre palabras que goteaban deliberadamente como lo hace el viento entre estas callejas. Como el sol entre los poros de estos árboles…así irían cayendo uno a uno mis anhelos en la superficie fértil de tu corazón.

Como suele ocurrir en todo huerto, como ombligo de historias, de grácil complejidad y rotunda sencillez.

Distancias, tiempo, viento y lienzos vegetales…esas son nuestras palabras. Se trata de nuestros protagonistas. Partes de un especial y caótico orden de nuevos deseos, ideas, desafíos y espinas: palabras que nos explican. Y que siguen reproduciéndose cuan tormenta fractal.

Esa amargura fragante, ese dulzor embriagante, aquí…justo aquí decidió hacerse destino y vestirse para siempre de vida.

Xavier Rodríguez Franco.

Peñaranda de Bracamonte, julio de 2011